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12 Enero 2009

La cordura de Kronos

A las 18.45, como cada tarde, Juan Antonio salió al patio trasero de la casa, cerrando tras de sí la puerta metálica. Comprobó que la linterna funcionaba, y que la bandolera estaba donde debía estar –colgada de su hombro derecho. Luego avanzó con paso experto hacia la torta de hormigón donde nacía la escalerilla que le conduciría a la cúspide del faro. Había repetido la misma operación a diario durante veintitrés años, a excepción de los días de descanso, y durante aquella baja médica que ahora le parecía más la historia de otro que de sí mismo.

Sin haber utilizado la linterna ni el pasamanos, logró superar los dos primeros tramos de escalera en dos minutos y medio; pensó que no estaba nada mal para sus cuarenta largos años, entregados a cambio de sal, lluvia, viento y relámpagos. También entregados a ella, a quien el tiempo se encargó de mezclar y diluir junto a los demás elementos. No era un pensamiento nuevo, sino un genuino tic que cada día le planteaba el mismo desafío secreto, siempre a sabiendas de que lo superaría hasta el último peldaño del último de sus días.

El faro -su faro- era una vara de medir su estado interior. Aquellas veces en que se sentía anónimo y prescindible apenas era capaz de alcanzar el primer descansillo en menos de un minuto. Otros, llegaba de un tirón a la cubierta superior, se escurría ágilmente por la incómoda trampilla y aún encontraba resuello para fumarse uno más, contemplando la luminotecnia celeste del atardecer tras un raquítico parapeto que apenas le llegaba a cubrir a los muslos. Eran ésos los días en que se sentía tocado por los dioses.

La tarde del once de Noviembre, cuando tanteaba en penumbras alrededor de la trampilla en busca del asidero, creyó oir el llanto. En un lugar como aquél los sonidos constituyen una compañía tan habitual como necesaria. Paradójicamente, su oído, que se mostraba inmune a los truenos más estremecedores y a los tortuosos lamentos del viento, estaba prodigiosamente adiestrado para detectar cualquier inflexión nueva, distinta, por insignificante que pudiera parecer, que distinguiera a cualquiera de sus ruidos familiares. Y él supo que había oído algo.

Descendió unos peldaños hasta alcanzar el primer ventanuco. Esperó a que la luz volviera de su perezoso periplo para dar sentido a las siluetas rocosas de la bajamar. Una pequeña fracción de segundo le bastó para comprobar que no había nada extraño en su campo de visión. Siguió descendiendo, dejando eco a cada paso sobre las huellas de acero, para detenerse nuevamente frente a otra abertura, en el mismo costado de la torre, el que miraba hacia el mar oscuro. Alzó su linterna dentro del nicho para iluminar la base del faro. Pegó su cabeza al cristal, y adoptó una postura imposible, para evitar interponerse en el camino del haz, a la vez que miraba hacia el lecho de roca justo en la raíz del edificio. La escalerilla auxiliar que franqueaba el acceso por el lado del agua seguía allí, como siempre, incompleta por el capricho de la herrumbre. Y, semiocultas, en la sombra que aquélla proyectaba, pudo distinguir unas olas muy distintas a las del mar, las de una fulgurante cabellera roja que supo reconocer al instante. Apagó la linterna y, con la sensación de quien muestra una sonrisa triunfal, se dispuso a abrir la puerta olvidada.

servido por visitante 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Trapani

Trapani dijo

Qué grande eres, coño.

12 Enero 2009 | 10:02 PM

Marsala

Marsala dijo

Oh! Oh! Oh! Por fiiiiiiiiiiiiiiin!
Mi google reader no se lo podía creer, y yo tampoco!
No te hagas tanto de rogar la próxima vez, mamonaso.

12 Enero 2009 | 10:04 PM

Rómula

Rómula dijo

¿Ni unas palabras de agradecimiento?
Qué estirao.

14 Enero 2009 | 05:27 PM

Juana

Juana dijo

Cerdo.

22 Enero 2009 | 10:38 PM

Garibaldo

Garibaldo dijo

Yo os lo agradezco en nombre del autor: gracias

23 Enero 2009 | 02:08 PM

Por alusiones

Por alusiones dijo

Trapani: a mí no me llames coño
Marsala: me cago en la idem con tilde
Rómula: ¡rema, coño, rema!
Juana: ciao!
Garibaldo: cómeme el nardo

Pues eso.

23 Enero 2009 | 02:12 PM

Gerard Butler

Gerard Butler dijo

I love u.

24 Enero 2009 | 12:26 AM

Archibaldo de la Cruz

Archibaldo de la Cruz dijo

Cómo te has pasao con Juana. Qué cabrón.

18 Febrero 2009 | 09:58 AM

Eva Nescente

Eva Nescente dijo

Guarrrffff...

5 Abril 2009 | 11:17 AM

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