Cuando cierro los ojos

Esto es lo que veo cuando cierro los ojos, píxel más o menos. Una mezcla de sangre y fina piel, tan cerca que, en realidad, no la veo. Pero mi mundo cambia de golpe cuando cierro los ojos.
(Y ahora, reflexiono)
Para cualquiera es prácticamente inconcebible vivir con normalidad tras perder el sentido de la vista cuando se ha disfrutado plenamente de él. En orden de importancia probablemente el siguiente sentido sea el oído. Los demás pueden ser desde prescindibles -olfato, gusto- a improbables -tacto-.
Uno piensa qué debe sentir por tanto un ciego de nacimiento, a quien carecer del primer sentido no le supone una pérdida en sí, sino una característica (sólo es carencia cuando comparamos) a la que se acostumbra de modo natural y no traumático, pese a los evidentes obstáculos que supone tener que desenvolverse en un mundo muy poco adaptado a ciertas minorías.
Dicho esto, me planteo el tópico de "cómo explicar qué es el color" a una de estas personas. Cómo se puede imbuir en mente ajena la diferencia entre amarillo y azul sin recurrir a la experiencia visual. O mejor aún, cómo esta mente lo interioriza, una vez que se le ha explicado por todos los medios. Lo mismo es aplicable a un sordo, claro. La única manera en ambos casos parece ser intelectualizar conceptos abstractos, privándolos por tanto de su esencia inexplicable. Como quien habla del Amor en vez de practicarlo.
Paradójicamente, nuestra vida con frecuencia parece más libre, más rica, más intensa cuando cerramos los ojos y comenzamos a soñar, despiertos o dormidos. Parece que sea necesario privarse un poco de los estímulos externos para empezar a sentir algo "grande y diferente". Esto me lleva a pensar en quienes ayunan de diferentes formas, a quienes rompen intencionadamente esa cadena causa-efecto, íntimamente relacionada con los sentidos, para llevar a la mente -y al cuerpo mismo- a un estado diferente. No me refiero a las huelgas de hambre de algunos impresentables, sino a las prácticas asociadas a ciertos sistemas de cultivo del espíritu.
Si esto es así, podríamos pensar que nos sobran sentidos para disfrutar de la vida, para conocer y amar, y que más nos convendría ser sordos, ciegos y mudos, como Tommy Walker.
Pero también podríamos llegar a la conclusión diametralmente opuesta. Si todo lo que conocemos nos llega a través de cinco o menos sentidos, ¿qué pasaría si tuviéramos otros sentidos por descubrir y explotar? ¿Veríamos las cosas que ahora sólo intuimos, o aquéllas con las que sólo especulamos en la ficción o en la pura superchería? Es fácil e inmediato asociar los órganos visibles y sus apéndices -ojos, nariz, orejas, manos, lengua- a los sentidos correspondientes basándonos en la experiencia más simple y temprana. ¿Y si se nos ha pasado por alto algún órgano, algún detalle no tan evidente, que duerme y se atrofia a la espera de que lo utilicemos?
De la misma manera que un ciego percibe un Universo con sus cuatro sentidos, y no es posible transmitirle la información -la sensación- íntegra del sentido que le falta, imaginemos un "ser humanoide" con seis u ocho sentidos. ¿Cómo podría ello explicar al resto de seres "capados" lo que percibe a través de sus sentidos extra? ¿No sería prácticamente imposible? ¿No le tomarían por chiflado o por "listo"?
Cuando hablamos de sextos sentidos, de fenómenos de clarividencia, precognición o telepatía tal vez debiéramos plantearnos la existencia factible de tales fenómenos, de órganos por descubrir (o funcionalidades no exploradas de órganos conocidos) desde un punto de vista externo a nuestra propia cárcel intelectual, requetehenchida de sí misma. La Historia nos muestra que hemos tendido a negar con sangre y fuego (hoy en día con estudiada "desinformación") las grandes revelaciones... todo lo que se sale del tiesto común. Lo que me lleva a mi pregunta final, al centro de mis desvaríos: "¿QUÉ nos estamos perdiendo en este preciso instante?"


chipitadechiapas dijo
(1) Hay más sentidos que apenas se conocen o que no se practican demasiado, como el sentido común en nuestro país, o el sentido del humor en Ontario. También está el sentido del ridículo: muchos carecemos de él en determinados momentos y sin embargo, en otros, lo desarrollamos de manera descomunal.
(2) En cuanto a los sentidos tradicionales, ya sabes que se han desarrollado múltiples formas de estimularlos a lo largo de la historia, que a su vez ha supuesto una forma de conocimiento alternativo o paralelo para muchas civilizaciones. Y se ha hecho a través de sustancias naturales como peyote, ayaguasca, setas, etc.
(3) Lucy in the sky with diamonds:
[...] El pensamiento y los sentidos se potencian hasta lo inimaginable [...] Frontera entre lo material y lo mental, el salto cuántico en cantidades activas representado por la LSD implica que comienza y termina con el espíritu; como sugirió el poeta H. Michaux, el riesgo es desperdiciar el alma, y la esperanza ensanchar sus confines.
FENOMENOLOGÍA DE LAS DROGAS: LSD, en
http://www.escohotado.com/historiageneraldelasdrogas/lsd.htm
(4) En cuanto a tu pregunta final, supongo que nos estamos perdiendo muchas formas de conocimiento...
6 Noviembre 2007 | 10:05 PM